viernes, 9 de junio de 2023

La verdad es que grabar audiolibros no es sencillo...



porque uno no sólo los LEE en voz alta, es decir,

no me atrevería a llamarme locutor de facto

pero 

definitivamente 

Uno se vuelve intérprete del libro, 

como a la hora en que un músico interpreta una partitura. 


Atacas el texto, las intenciones, siempre desde tu bagaje. 


Por ejemplo,

algunos se engolosinan demasiado como con el sonido de su voz y tapan el texto: sólo escuchas la pinche voz bonita y qué pereza.


Lo mejor, según yo, 

siempre será una voz que interprete el texto, como dicen por ahí, "sacándole la carnita". 


La verdad es que a veces el texto no trae absolutamente nada pero el trabajo de la voz que lo lee, lo impregna de un subtexto muy rico de escuchar incluso en repetidas ocasiones.


Ciertas entonaciones,

cierto ritmo,

cierto gozo, cierta contundencia. 


Yo hay muchas veces que regreso a fragmentos de podcasts o de videos donde de la nada alguien suelta un comentario (una reflexión, un contra argumento, un punch-line) y explota en la cabina/en el estudio y es una jugosa fruta autorenovable para quien sepa detectarla en el anaquel del cuasi infinito contenido que nos enceguece todos los días en las redes. Sembrar esos frutos ocasionales, creo que ahí está el trabajo del intérprete de audiolibros. Aunque siempre dependerás de tu cruel (y bendito) dios/diosa llamado cliente que en ocasiones será tan quisquilloso e incluso castrante que no dejará campo al juego... pero a veces uno sí puede meter de su cosecha. Sobre todo cuando hay oportunidad de proponer ciertas modulaciones de voz e intención en diálogos que entablan los personajes

o ciertos capítulos donde el narrador entra en una zona mil años luz de distancia del "había una vez..." y se sumerge en las múltiples posibilidades de este deporte artesanal, maratón intelectual entre el aparato fonador y la página escrita....


Desde que tengo uso de razón siempre me ha interesado "estudiar" mi voz, explorarla, ver qué sí, que no puede hacer, con quiénes puedo aprender más. Desde estar en coros en la escuela de pequeño hasta ya entrarle al bosque misterioso de la poesía en voz alta y sus deleitosas posibilidades sutiles... y avasallantes.


Todo esto para comentarles que desde hace 4 años, desde el 2018, he nadado por las sigilosas aguas del asunto audiolibresco. 


Cada vez hay más gente atorada en el tráfico, entonces esta industria está despuntando como la espuma, 


déjenme les recomiendo mi trabajo en este campo para que ustedes lo escuchen mientras corren, andan insomnes, cogen, buscan ovnis en el cielo, esperan en la fila (cualquier fila), lavan los trastes o cocinan algo rico para personas que odian.

Bon apètit.


(((((( DALE CLICK AL Título)))))))



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El más reciente:






un audiolibro que les dejará mucho qué pensar
y que les dará contexto sobre estos tumultuosos tiempos en los que vivimos.




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El más desolador y encabronante:

el brutal pero necesario en tanto que instrumento para refrescar nuestra memoria histórica:

La Búsqueda

de Cristóbal Jimeno Chadwick y Daniela Mohor.




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el mejor escrito
desde una pluma erudita, afilada, 
pero disfrutable:

de Ramón Andrés




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el más misterioso
por ser  la carta de despedida de un gran escritor


Montaigne

de Stefan Zweig



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El gran escritor del que les hablo (Zweig)
revelándonos sus sentipensares al atravesar penosa, aunque privilegiadamente, las dos guerras mundiales del siglo XX.
Hasta su huida a Brasil y su fatídica despedida.





de Stephan Zweig





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El que me parece el epítome audiolibresco por ser

divertido, informativo, ligero pero rompemadres:



UNA HISTORIA POP DE LOS VAMPIROS

de Davíd Remartínez



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El más soez:



INFARTO

de Edson Lechuga


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y todavía más soez el volumen 2!!



INFARTO

de Edson Lechuga



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El más extenso:


de John Williams



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El más breve, el cuento:



de Rodrigo Blanco Calderón


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El más cubano-mexicano-revolucionario:



de Juan Patricio Riveroll



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El más coral extraído de la nota roja:



de Bernardo Eaquinca


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¿El más fumado? Pero aún así netflixero:



de Blake Crouch



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Uno de mutantes blasfemos:



de Roberto Sanhueza



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El más difícil de grabar hasta el momento:



de Philippe Ariés



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El más siniestro

por pertenecer a esa rama que le da de comer a la industria editorial: la autoayuda...








Y hay más...